La
Parranda Navidena
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Por Jaime Torres Torres de El
Nuevo Día
Fotos de Miguel Maldonado
LA PLENA, en el campo ya se escuchan
trullas que interpretan seises y aguinaldos, mientras en la ciudad "a
pesar de la criminalidad y los accesos controlados" no han desaparecido
las parrandas que irrumpen en las comunidades en caravanas de autos. La
tradición sigue viva, mas lo que sí parece estar ausente
en la metrópolis es el sentido espiritual que caracterizó
a las trullas de la ruralía, donde "a mediados del siglo pasado"
se originaron los asaltos, segœn explica Manuel Alonso en El Gíbaro.
En aquellos tiempos los trovadores improvisaban en torno al nacimiento
del Mesías y orientaban sus décimas a saludar y desear prosperidad
a sus semejantes. "Hasta hace 25 ó 30 años hubo una
presencia marcada de lo religioso en las trullas, pero actualmente no es
así. Para que las trullas recuperen un poco su sentido espiritual,
se debe recordar que Cristo no es de una época y que al prójimo
se le debe desear felicidad los doce meses del año'', recomendó
el folclorista Alexis Morales Cales.
CONTRARIO, a la tradición
rural, en las parrandas urbanas los elementos folclóricos han sido
relegados a un plano secundario. El aguinaldo ha sido sustituido por el
merengue y la guaracha. El cuatro se ha cambiado por la trompeta. Los temas
religiosos han cedido a los estribillos de moda. "Es muy escandalosa
mucha de la mœsica que se escucha en la ciudad. Se usan demasiado el saxofón
y las trompetas. En las parrandas del ayer predominaban los aguinaldos
jíbaros e isabelinos. No faltaba el seis bombeao para que las parejas
que bailaban intercambiaran bombas. Ahora es diferente'', recordó
el cuatrista Angel Nieves Quintero, quien parrandeó con Ramito,
Germán Rosario, Priscila Flores, La Calandria, Joaquín Mouliert
y otros grandes trovadores borinqueños.
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El elemento sorpresa era otra particularidad de las trullas de antaño.
No se anunciaban. Simplemente llegaban cuando nadie las esperaba. Las parrandas
comenzaban después de las 11 de la noche y se prolongaban hasta
el amanecer. "Por eso le decían asaltos. Las personas reaccionaban
con mucha alegría y nos entregaban su casa'', agregó el cuatrista
de 66 años.
LOS MANJARES, navideños constituyen
otro elemento característico de las parrandas rurales. Todavía
las amas de casa confeccionan pasteles, morcillas, arroz con gandules,
tembleque y arroz con dulce para obsequiarle a sus visitantes. Todavía
se observa la estampa del lechón a la varita, al igual que la del
jíbaro destapando su galón de pitorro curao. Pero en las
parrandas urbanas muchos prefieren ahorrar tiempo y energías ordenando
pizzas, bandejas de aperitivos y otros alimentos entregados a domicilio.
"La gente del campo siempre se prepara guardando suficiente carne
de cerdo, pasteles y otras cosas. Ese sabor típico es lo que le
falta a las parrandas de la ciudad'', señaló Nieves Quintero.
La Navidad es diferente en la montaña. El cuatro sigue resonando
al unísono con el coquí. Hoy, más que nunca, es cuando
más niños y jóvenes trovadores se desarrollan en la
Isla. Chicos hay que a los cuatro y cinco años ya se familiarizan
con la décima y el seis. "La reina máxima de nuestro
folclor es la décima. Nunca hubo tantos niños y jóvenes
trovadores como hoy. Los viejos cantaores que existimos dejaremos la tradición
bien sembrada. El mundo está dando vueltas y esas vueltas nos acercan
más a nuestras raíces'', dijo el veterano trovador fajardeño
Joaquín Mouliert, director del conjunto Ecos de la Montaña.
MOULIERT,, incluso, ha sido un defensor
acérrimo de las trullas tradicionales. Hace 38 años que en
la víspera de Nochebuena recorre su pueblo con una parranda montada,
en la que participan los trovadores más versados del género.
"Han surgido parrandas parecidas en San Lorenzo y Salinas. En Fajardo
también se organizan otras inspiradas en la mía. Es importante
conservar esta tradición, porque muchas de las trullas que hoy se
llevan a las casas son muy peligrosas. Llegan desconocidos que no les importa
celebrar el natalicio del Señor Jesucristo, que es la base de la
verdadera Navidad'', agregó Mouliert.
La mayor concentración de jóvenes y adultos parranderos,
la encontramos en Comerío, Barranquitas, Naranjito, Toa Alta, Corozal,
Aibonito, Morovis, Orocovis, Adjuntas, Utuado, Ciales, Lares y otros pueblos
de la cordillera central. "Realmente los mejores parranderos se consiguen
en la montaña'', aseguró José Raœl Marrero, director
de Los Cantores de Bayamón.
EN EL, no han desaparecido las trullas
acœsticas compuestas exclusivamente de cuatro, guitarra, gŸiro y un trovador.
En éstas no se usan micrófonos ni otro equipo de amplificación.
Sus repertorios versan sobre la Anunciación, la visita de María
a su prima Isabel, el sueño de José, el Nacimiento, la llegada
de los Santos Reyes y otras estampas de la Navidad interpretadas mayormente
en tiempo de aguinaldo jíbaro, isabelino u orocoveño. "Siempre
buscamos canciones que no apelen al doble sentido para que el dueño
de la casa quede complacido'', dijo el trovador José `Pepe' Ríos,
de Corozal.
Hoy los parranderos son jóvenes disciplinados que, en su mayor
parte, no consumen licor. El Nuevo Día lo comprobó en la
trulla jíbara que hace unas noches el trovador Pepe Ríos
y los hermanos Albin y Charlie Rodríguez, llevaron a la casa de
la familia Rodríguez Figueroa en el sector El Cuco del barrio Quebrada
Cruz de Toa Alta. "Está prohibido salir a parrandear en pantalones
cortos. Vestimos de blanco y usamos sombrero. Tampoco se permite hablar
malo y hacer chistes indecorosos. Llegamos a tocar buena música
y a compartir alegría con las personas''.
EL COSTO, de un asalto navideño
similar (cuatro, guitarra y trovador/guirero) fluctúa entre $200
y $300. Precios más que razonables si recordamos que por hora, las
tarifas de las orquestas de salsa y merengues son muchísimo más
elevadas. "Hay lugares en que ni siquiera cobramos porque se trata
de compartir alegría con las personas. Pero el precio realmente
depende del lugar donde viva la familia. Nosotros tocamos durante hora
y media. Y muchas veces nos quedamos un rato más'', dijo Albin,
de Los Guayubines.
Ciertamente, la tradición parrandera sigue latente en la montaña.
Acá sonríe en el Matutino protestante y en la Misa de Aguinaldo
católica que se escuchan al amanecer. También en los niños
que en un semáforo entonan tímidamente sus villancicos, y
en los jóvenes que hacen más llevadera su espera en la parada
de guaguas.
Parranderos por excelencia
Los Guayubines (870-0824)
Orlando Laureano (751-8342)
Arnaldo Martínez (797-4209)
Prodigio Claudio (715-0686)
Modesto Nieves (869-3605)
Miguel Nieves (869-2570)
Ismael Santiago (869-4041)
Neftalí Ortiz (797-6889)
Héctor Gracia (869-0531)
Angel López (869-6341)
Rolando Cotto (869-5185)
Víctor Echevarría
(878-4230)
Tony Rivera (797-4849)
Josean Filiberti (871-2883)
José Raœl Marrero (862-0654)
Joaquín Mouliert (863-1164)
Javier Hernández (758-5733)
Alma Galarza (272-1685)
Yesenia Cruz (781-8955)
Herminio de Jesœs (751-2451)
José 'Pepe' Ríos
(859-1013)
Kathy de Jesœs (736-7235)
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