
Don Juan entregaba correspondencia especial para el Departamento de Correo de Aguadilla; a pie, de casa en casa, de un extremo de la ciudad al otro,seis días en la semana.
Bajo el candente sol aguadillano gustaba lucir con mucho orgullo el grueso uniforme azul, el lazo negro de mariposa y la gorra azul con visera negra mientras cumplía su labor cotidiana.
No creo que hubiera otra persona en su ocupación que caminara con la ligereza del señor Kruiger. En la mañana recorría un sector de la ciudad y ya en la tarde se encontraba a millas de distancia, deteniéndose solamente para secar el sudor de su frente y una corta charla con algún conocido.
De noche mi padre acostumbraba llevarme en su compañía a la Plaza Degetau y allí pasar un par de horas mientras él conversaba con sus amigos. El grupo de tertulias se componía de don Pepito Sanabia (hermano de don Julio), mi padre: Mele Ortiz, don Juan Kruiger, Mundo Mesorana y otros que poco a poco se acercaban para participar en la charla. Los temas cambiaban cada vez que se unía una persona nueva al grupo. Kruiger era el más versado en la política interna y del exterior, razón para agitarse cada vez que era porfiado por alguien de menos entendimiento. Mientras discutían yo les escuchaba aburrido y deseoso que llegaran la diez de la noche para regresar a mi hogar.
Durante la Segunda Guerra Mundial don Juan Kruiger sirvió como voluntario de la Defensa Civil. Recuerdo haberle visto en varias ocasiones vestir el uniforme caqui, capacete amarillo y el brazal con las letras rojas "CD" en el desempeño de su misión cívica.
Entre todos los empleados del correo que conocí gracias a la amistad entre mi padre y ellos, don Juan Kruiger (Juanito el Cartero) descollaba como el de más colorido en el Aguadilla de mis recuerdos.
