uisiera que alguien me explicara qué atracción encuentran algunas personas en los llamados beepers y en los teléfonos celulares. Es como si un virus ha infectado tanto a los grandes como a los chicos importándoles un bledo el dinero y el gasto que lleva consigo dicha inversión. Puedes llamarme "Sufridor de Calenturas Ajenas", si así lo deseas, pero en honor a la verdad esos aparatos cuestan buenos pesos en adición a la renta mensual que hay que pagar por el servicio.
Dondequiera uno mete las narices allí encuentra alguien con un beeper o con un teléfono celular colgando de la cintura. Hay quienes portan las dos cosas: un beeper y un celular, al estilo vaquero del Lejano Oeste.
Admito que muchas personas utilizan estos aparatos para mantenerse en contacto con clientes o sus familias o para otras necesidades cotidianas. Pero un muchacho quinceañero con un beeper o celular en su persona solo busca el entretenimiento. Pasar el rato con sus amigos o la novia a costillas del padre o la madre que se mata trabajando para pagar la mensualidad a los acaudalados dueños de la compañía telefónica.
Unos cuantos meses atrás el quinceañero hijo adoptivo de un hermano mío llevaba un beeper prendido a la correa de su pantalón. Curioso (entremetido mas bien) y ajeno al estatus del joven, le pregunté a mi hermano qué clase de trabajo hacía su hijo adoptivo.
-Hacerle bonito cuerpo a las gevas- respondió sonriendo con malicia.
-¿Y ese beeper que lleva en la correa?- volvió a preguntar el entremetido que les escribe.
-Fue lo que pidió pa'su cumpleaños- afirmó mi hermano con otra sonrisa que indicaba no haber tenido muchas alternativas.
-Pero, chico-insistí empeñado en arruinarle el día-, en tu casa no hay teléfono para contestar las llamadas que él reciba.
Cansado de mis majaderías mi hermano encogió los hombros al contestar: -A él le importa un pito. Usa el beeper como un símbolo de posición social entre sus amistades de escuela. Déjame decirte que al otro día de recibirlo me hizo que lo llamara a la escuela pa' echárselas con sus amistades. Al fin de cuentas, la maestra no lo dejó salir del salón a contestar la llamada y le prohibió llevar el beeper a la escuela.
Otro incidente que se me ocurre mencionar ocurrió a principios del año pasado en La Isla del Encanto. Junto a mi esposa fuimos a visitar a su única hermana que reside en Fajardo. Al segundo día fuimos a un centro comercial cercano a la casa con la idea de curiosear entre las tiendas y obtener ciertas cosas que necesitábamos en el Wal-Mart ubicado allí.
En una esquina de la tienda un representante de una compañía de teléfonos celulares explicaba a dos tipos los beneficios del servicio celular. Aquellos dos fulanos no me demostraron ser candidatos para el servicio y mucho menos capaces de entender lo que el vendedor les decía.
-¿Cree usted que lo podemos usar en Vieques?- preguntó uno de los dos.
-¿Vieques? No te puedo decir hasta que chequee con la oficina principal. Espera un segundito en lo que llamo a mi supervisor- indicó el vendedor levantando un teléfono convenientemente distanciado del mostrador.
Desde mi puesto de observación veo al representante hablar con otra persona al otro lado de la línea.
-¿En qué parte de Vieques tú vives?- pregunta tapando el micrófono con una mano
-En Santa María- contestaron los dos a coro.
El vendedor pasa la información al otro lado, pausa, dice ajá dos veces y cuelga el teléfono: -En estos momentos nuestra señal no cubre el área donde viven-, les informa, -pero en seis meses estaremos cubriendo toda la isla de Vieques.
El viequense mira a su compañero, aquél asiente con la cabeza y decidido el primero anuncia al vendedor:-Podemos esperar los seis meses. Apúnteme pa' un celulal.
-Y a mí pa' otro- añade el segundo, -pero tenemos que llevárnolos con nosotros hoy mismo.
Como dije al principio: no me explico qué atrae mucha gente a los beepers y a los teléfonos celulares.
Perdona que te deje pues alguien me está bipeando.