
a nota, escrita en garabatos apenas legibles, me invitaba a entrevistar
a el famoso Chupacabras, exponiendo ciertas condiciones: la cita
era en el Parque Colón de Aguadilla, debía ir solo,
no podía llevar ningún equipo electrónico
y no podía presentarme antes del oscurecer. Como aquélla
era una oportunidad que no se presenta todos los días a un escritor principiante como yo, tan pronto
el sol fue perdiéndose en el horizonte, arranqué
para el Parque Colón en lo que sería el hallazgo
periodístico de este siglo -a pesar de que no soy periodista
me tomo la libertad de expresar mi libre albedrío en mi página.
Una vez en el parque comencé a buscar alrededor de la cruz marcando el desembarco del Gran Almirante cuando de unos arbustos cercanos escuché un "pssssst", como si se tratara de un escape de gas o el aire de la goma de un carro.
-¿Quién es?- pregunté temblando de pies a cabeza.
-¿Quién va a ser, menso? Yo, quien te mandó la nota- me contestó una voz parecida a la de un sargento que conocí en el ejército.
-¡El Chupacabras!- balbuceé entre dientes, sintiendo que algo caliente corría por mis piernas.
-¡Tu abuela es el Chupacabras!- gruñó el interrogado desde la maleza-. Aborrezco ese nombre con todas las fibras de mis doce corazones. Si quieres una entrevista vas a tener que llamarme por otro nombre.
Como ya he dicho, aquella era una entrevista exclusiva, así que decidí seguirle la corriente pensando en un nombre que fuera de su agrado.
-¿Qué tal si te llamo "Chú"? Es un apodo bien conocido.
-Como quieras llamarme está bien conmigo, pero te advierto que la primera vez que me llames "Chupacabras" dile adiós a la entrevista.
Un penetrante mal olor comenzó a invadir mis fosas nasales.
-Oye, Chú- indagué avergonzado y ofendido por aquella indelicadeza-¿por casualidad tú te...?
-Te iba a preguntar lo mismo pero creo que es el olor que mi cuerpo despide. Es algo que no puedo evitar cada vez que bebo sangre.
-¿Me quieres decir que acabas de sangrar uno o más animales?
-Uno tiene que alimentarse, ¿no?
Tras aquella manifestación decidí mantener cierta distancia de aquel o aquello que hedía a mil demonios y se alimentaba de la sangre de animales -hasta donde se nos tiene informado. Nada se sabe si en el menú del Chupacabras se encuentra la sangre humana como alternativa. En este mundo hay que ser precavido, como muy bien sabes.
-Oye, ¿ya tienes preparadas las preguntas que me vas a hacer?- inquirió impacientada "la cosa" detrás de los arbustos-. Tengo otros planes para el resto de la noche y en estos momentos me estás dilatando.
-Perdona, chico, pero es que son tantas las preguntas que tengo que no sé por dónde empezar.
-Pues empieza con la más simple de todas, ¿porqué te escogí para esta entrevista?
-Me leíste los pensamientos, Chú.
-También leo las palmas de las manos, las hojas de te, el periódico, etcétera. Ríete, chico, que es un chiste que acabo de inventarme.
-Anjá. Oye, Chú, ¿de dónde vienes?
-Yo no pertenezco a este mundo.
-Entonces, ¿eres un extraterrestre?
-Ya te dije que me puedes llamar como te dé la gana menos "Chupacabras".
-Okay. Otra pregunta que se me ocurre es si estás solo o acompañado en este planeta?
-No tengo alas o manera de teletransportarme a otros lugares fuera de Puerto Rico donde aseguran haberme visto. ¿Contesto tu pregunta?
-Por lo que me dices debe haber unos cuantos de ustedes regados por todo el mund...
El sonido familiar de un "beeper" interrumpió mis palabras. La curiosidad se apoderó de mí ante la insistencia del "briip-briip"-briip" que no daba indicios de cesar.
-Oye, Chú, si tú me dices que tienes un "beeper" electrónico me pego un tiro con un revólver de juguete.
-¡Qué biper ni qué ocho cuartos! Así es como suena mi mujer cuando me llama por medio de nuestra percepción extrasensorial.
-¿Qué es eso?
-Telepatía, chico. Aguarda un momento mientras me comunico con ella.
Una serie de chillidos inundó todo el Parque Colón deduciendo yo que las cosas no iban muy bien para mi entrevistado. Cuando cesaron, el Chupacabras se apresuró a anunciar:-Se terminó la entrevista, man. Tengo que irme.
-¿Algo anda mal con la doña?- se me ocurrió preguntar.
-Le prometí llevarle dos galones de sangre para los "chiquitos" y acaba de darme cinco minutos para reportarme a donde ella. Te veo, chico, en otra ocasión terminamos el "bembé"
-Antes de que te vayas dime porqué fui yo el elegido para esta entrevista.
-¿Quién le va a hacer caso a un escritor principiante como tú? Además, estás por despertar de esta pesadilla que te ha causado el atraco de alcapurrias y cerveza que esta tarde te diste. Ciao, más que come.
La fuerte patada de mi esposa logró despertarme y sacarme fuera de la cama con tiempo suficiente para correr al baño.