Los trompos de unos cuarenta años atrás eran torneados de un pedazo de madera resistente a los golpes que estos recibirían de manos inexpertas al principio pero que eventualmente la experiencia los convertiría en expertos jugadores de trompos.

El primer paso a dar luego de comprado el trompo era remover la corta púa que traía y sustituirla por una de un clavo de un espesor de un cuarto de pulgada. Una vez el clavo era incrustado en la cavidad de la púa, se cortaba a media o quizás a tres cuartos de pulgada de longitud.

El próximo paso era alisar la punta de la nueva púa; hasta sentir el roce de una pluma de ave cuando el trompo girara en nuestras manos. En vez de piedra de esmeril utilizábamos la orilla de una acera o una pared de concreto. En ella se frotaba el pedazo de clavo hasta satisfacer el sentido del tacto. Satisfechos con la nueva punta, procedíamos a reducir el brillo del esmalte para que la cabuya tuviera buen "agarre" al ser enrollada en el cuerpo del trompo. Esto se lograba frotando el trompo con tierra o arena que servían en vez de papel de lija.

El corto noviciado en el juego de trompos era pagado con creces. Si no querías que tus amigos y compañeros de juego se mofaran de tu inexperiencia lanzando un trompo, era preferible practicar en la privacidad de tu hogar. Lo menos que podían llamarte era "nena" cuando tirabas el trompo con toda la gracia y el salero de una niña. El desquite venía semanas más tarde cuando sorprendías hendiendo por la mitad los trompos de los que de tí se burlaron.

La destreza para lanzar un trompo como todo un experto requería los siguientes componentes:

  1. La destrucción de varios trompos (del novicio, claro está).

  2. Rasguños, cortaduras y chichones en la frente cortesía de tu inexperiencia o la de tus compañeros de juego. Debo incluir uno que otro disgusto con un adversario empeñado en destruir el trompo del novicio.

  3. Aprender la técnica de enrollar la cabuya desde la punta de la púa hasta la cabeza del trompo para lanzarlo invertido mientras se endereza el brazo al instante de soltar el trompo en dirección del suelo o de otros trompos en espera. Este procedimiento requería mucha práctica, un buen brazo y puntería certera para colocar el trompo en el centro de la valla.

Una vez se aprende a lanzar el trompo vertiginosamente, entonces hay que saber cómo levantarlo entre los dedos índice y del corazón para depositarlo en el centro de la mano y entonces dejarlo caer repetidamente encima de los otros trompos en el centro de la valla de tal manera que ninguno de ellos saliera del círculo . Aqué,l procedimiento le llamábamos "darle manteca" a los otros trompos.

Jamás fui considerado un experto en el juego de los trompos pero sí puedo decir que llevo en mi conciencia unos cuantos trompos que pasaron a mejor vida gracias a mi puntería.

Hoy día ya no se ven muchachos jugando a los trompos en las calles. Los muchos automóviles que por ellas transitan no ofrecen la seguridad que la muchachada de muchos años atrás encontrábamos en el Puerto Rico de mis memorias. ¡Qué tiempos aquellos!